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5 Cortijo Madroñal

Pasadas las instalaciones mineras bajamos por el sendero hasta empalmar con el camino principal de las minas que va desde Rodalquilar a los Albaricoques, proseguimos hacia nuestra derecha y, al final de la subida, la vista se abre de nuevo hacía el valle y volvemos a ver el Cortijo del Fraile. Lo dejamos a la derecha en la intersección de Cortijo Requena (aquí también es posible regresar directamente al Cortijo del Fraile). Seguimos el camino hasta  un gran aljibe de bóveda, el Aljibe de Coyatos.
Seguimos por el camino principal hasta la Cortijada del Madroñal, abandonada y en ruina; fue base de operaciones de la Mina de María Josefa, que vemos alzando la vista hacia el cerro.
Al otro lado del sendero vemos una rambla, lecho natural de las aguas pluviales cuando caen copiosamente. En el fondo de las ramblas es donde vemos la mayoría de las especies vegetales de la zona y las más nutridas: palmitos, abulagas, higueras, siempreviva, alibustre, rascamoños, etc.
En los márgenes de las ramblas también se colocan la mayoría de los aljibes para la captación de aguas, por ello en este camino, además del primero (Coyatos), vamos a ver un aljibe de cisterna sin blanquear, otro aljibe de cúpula más adelante y otro más que surtía a Las Martinas y Cortijo Tía Pepa (antiguo Cortijo Azul).
Este último aljibe tanque se conserva bien y podemos acercarnos a él para entender cómo funcionaba el mecanismo de la polea que usaban para subir los cubos de agua. En Níjar existe todavía una gran tradición alfarera que aprovisionaría de cántaros, lebrillos, aceiteras, etc., para éstas y otras tareas cotodianas.

Aljibe de Coyatos

Los aljibes son construcciones para la captación, almacenamiento y distribución de aguas de escorrentía (torrentes superficiales que se forman durante las lluvias torrenciales típicas en la zona). Proviene del término al-yubb, depósito de agua y se extienden por toda Andalucia, aunque son más numerosos en zonas áridas.
Hay dos tipologías de aljibes en los campos de Níjar: los tanques de cúpula, más pequeños y para el consumo humano, y las cisternas de bóveda, como el aljibe de Coyatos, más grandes y rectangulares, destinados a ganado y con abrevaderos anexos al lateral. El agua de lluvia es conducida a través de unos regueros hasta la balsa de decantación para eliminar el exceso de sedimentos, desde ahí entra y se almacena en el vaso principal, excavado bajo tierra a unos 5 metros y una longitud que puede superar la decena.
Los aljibes simbolizan la Almería árida y tradicional. Expresan la forma de adaptarse al medio para sobrevivir a través de un sistema de almacenamiento de agua que permite disponer de ella durante todo el año.

El aljibe era también un centro de relación social. En los que tenían lavadero (observamos un ejemplo en el pueblo de Fernán Pérez), las mujeres se reunían a lavar la ropa y a charlar. En el abrevadero, se reunían los pastores a dar de beber a su ganado. En el aguadero, iban las muchachas a llenar los cántaros. Eran zona de juegos de los niños y el lugar donde se reunían los abuelos a hacer esparto.

La Ganadería

Una vivienda tradicional va ligada a un corral de la misma manera que una vivienda actual a un garaje
Anónimo
Ganado de labor y carga, su explotación estaba unido a la agricultura que se basaba esencialmente en el trabajo animal y humano. Al regresar al cortijo el labrador desuncia a las bestias, les quitaba los aparejos; les daba de beber agua y al oscurecer, de comer. A esta labor se le llamaba “pensar las bestias” (darles pienso, paja y un cuartillo de cebada). Hacia media noche se volvía a repetirle el pienso e igualmente a las 2 y las 4 de la madrugada. Antes de despuntar el día, se les echaba el último pienso para que fueran buenas en el trabajo. Todo esto lo hacia el cortijero, a no ser que tuviera mozos o algún hijo ayudante.
La mayoría de las veces cuando aún no había despuntado el día, el labrador estaba ya en la besana. Previamente había preparado a los animales y llevaba la merienda de las bestias y la suya propia que solía consistir en un trozo de pan, algunos higos secos, unas pocas aceitunas y un pedazo de tocino. Al lomo de la bestia llevaba la simiente que iba a sembrar ese día, media fanega aproximadamente.
El ganado asnal sin embargo aumentó en 1962 con respecto a años anteriores, debido al aumento del precio del esparto en el mercado internacional y a la necesidad del espartero de tener un burro para transportarlo.
Ganado lanar y cabrio. Los hábitos alimenticios de ovejas y cabras son complementarios. En estos pastos mediterráneos muy próximos a los límites de la aridez es el ganado que mejor aprovecha la oferta del monte. El pastoreo se fue concentrando en los barbechos y rastrojeras, las zonas de monte fueron perdiendo importancia como recurso y aumentó la cabaña de ovino que se concentra en tierras bajas de fácil acceso.
El verano marcaba el cambio de pastos a lugares más altos, principalmente Sierra Nevada, Gádor y en algunos casos a Baza, Castril y Cazorla. Recíprocamente, los primeros pastos en Cabo de Gata, tras un breve invierno, siempre atrajeron a otros ganados foráneos de Jaén, Granada y Murcia.
Ganado de cerda y corral. Cerdos, gallinas y conejos se dedicaban al consumo y alimentación familiar, siendo indispensables para la subsistencia en el ámbito rural. De la matanza del cerdo se obtienen derivados cárnicos básicos para todo el año.
La economía familiar y la subsistencia agropastoril están basadas tanto en los frutos de la tierra como en los productos obtenidos del corral (carne, leche, queso y huevos), y además, la venta de animales y sus productos contribuyen a la economía familiar.