Cabecera 1 Cortijo del Fraile

1 Cortijo del Fraile

Tomamos como punto de encuentro y de comienzo el Cortijo del Fraile, conocido por el crimen de Níjar, acontecido en el año 1928 e inspirador de algunas obras andaluzas: “Puñal de claveles” de la menos conocida Carmen de Burgos y “Bodas de sangre” del granadino universal Federico García Lorca, además de un romance popular sobre el suceso y algunas coplillas.

¿Como llegar?

Desde la autovía A7 tomar la salida 479 dirección San José y después de 12 km seguir indicaciones Los Albaricoques. Según se llega al pueblo dejar el núcleo habitado a mano izquierda y seguir recto por la pista de tierra.
También es posible llegar desde Fernán Pérez, pasando por el Cortijo del Hornillo o desde Rodalquilar por el camino de tierra de las minas, Cerro del Cinto.

BREVE HISTORIA

Este Cortijo se asienta sobre la majada del concejil del Fraile y constituye un ejemplo de gran caserío construido al servicio de una extensa explotación agropastoril, tipología algo insólita en este valle caracterizado por el minifundio. Fue construido por los frailes dominicos de Almería en el siglo XVIII, de ahí su nombre tan común en la zona (Pozo de los Frailes, Boca de los Frailes, Cortijo del Fraile, Los Frailes – montes volcánicos más altos de la zona, casi 500 metros de altura).
En 1836, como consecuencia de las leyes de desamortización de las propiedades de las órdenes religiosas, fue confiscado por el estado y, tras subasta, pasó a manos privadas. Tuvo otro breve paréntesis de expropiación durante la época de la segunda república, y fue devuelto a los propietarios en seguida al finalizar la guerra civil. Hoy el cortijo es propiedad de una empresa que explota la finca y sus pozos para producción agrícola ecológica al aire libre.
Lleva más de 40 años en estado de abandono y en constante peligro de derrumbamiento, las autoridades y la propiedad todavía no han encontrado un acuerdo para su conservación, aunque recientemente ha sido declarado bien de interés cultural.

EL CORTIJO

La cortijada tiene una planta trapezoidal, algo diferente con respecto a las demás cortijadas de la zona, con dos plantas destinadas a vivienda y labores; un gran patio o corral en la parte trasera y algunas instalaciones complementarias alrededor del mismo: aljibe, cochineras, pozos, horno, capilla, etc.
En la fachada principal, se alinean la residencia de los propietarios y de los aparceros: personas encargadas de la explotación agrícola de la finca a cambio de un porcentaje de los beneficios para el dueño; normalmente trae anexo un derecho de habitación sobre algún inmueble sito en la finca. En esa misma fachada hay un amplio almacén dividido interiormente por arcadas y, en el extremo opuesto, una capilla que destaca sobre el conjunto de la construcción y que ofrece la imagen más característica y reconocible del Cortijo del Fraile.
La capilla para proporcionar servicios religiosos a propietarios, trabajadores y campesinos, es un elemento que se encuentra en los conjuntos arquitectónicos más elaborados y en las explotaciones donde se concentraba mucha mano de obra y abundante población rural, ofreciendo una doble función dar servicio religioso y mostrar prestigio social.
Esto nos introduce el argumento principal de las dos obras inspiradas en este lugar, la boda entre dos jóvenes, las mezquindades y conveniencias de las dos familias, las aspiraciones románticas de la novia y la libertad de decisión sobre su vida.
Hay que tener en cuenta que la vida en este tipo de entornos era intensa y algo claustrofóbica para colectivos como las mujeres. Éste es uno de los aspectos que Carmen de Burgos subraya con maestría en su obra “Puñal de Claveles”, la situación y los sentimientos de una mujer en el sudeste español a principios del siglo XX. Ella conocía de primera mano esa vida, ya que era natural de la zona.
Por su parte, “Bodas de sangre” modifica algunos puntos de la historia verdadera y enfatiza la pasión, la desesperación y el final trágico de los protagonistas. Lorca se entusiasma con la noticia leída en los periódicos y revive la temporada que pasa en Almería durante su niñez en casa de su maestro Antonio Espinosa. Las obras coinciden en un punto común, las condiciones del medio influyen en las personas, vidas y personajes, contagiadas de la aridez, dureza y soledad de estas tierras.
Desde la fachada principal del cortijo giramos la vista a mano derecha de la capilla y nos acercamos al aljibe, con un panel interpretativo. Justo detrás tenemos una construcción alargada y en forma de bóveda, con una zona exterior y otra interior para guarecerse, son las cochiqueras o cochineras del cortijo, espacio donde se criaban y guardaban los cochinos. El tamaño del cortijo y de sus dependencias sugiere que, a diferencia de los demás cortijos de la zona, este era una gran explotación para el lucro de sus propietarios que, además, no solían vivir en él sino que lo dejaban en las manos de los aparceros. Según se dice “en el Fraile se sembraba con diez pares de mulos”.
En los inviernos se hacían las matanzas de las que se sacaban carne y chacinas (embutidos) para todo el año. Las carnes se mantenían en conserva como lomo en orza, aderezadas con sal y especias como pimienta, sal, pimentón, limón o vinagre, etc. Además de este tipo de carnes conservadas en grandes tinajones y orzas en alacenas y cámaras del cortijo, se mataban durante el resto del año, para alguna celebración, otros animales comprados en los rebaños cercanos como chotos. También se hay que destacar la caza de conejos y perdices, vigente hoy día. Los demás alimentos frescos (verduras, hortalizas, pescados) se consumían llegada la época de recolección o cuando pasaba el pescadero y con el excedente se hacían conservas.
Si proseguimos hacia la parte trasera veremos la casa del pastor, justo enfrente de las cochineras, las cuadras y el patio de las mismas más adelante. Asi como el horno en la parte trasera frente a la era.

CARMEN DE BURGOS

Sus ojos, que parecen ver, no hacen más que pensar
Ramón Gómez de la Serna

Almería 1867 – Madrid 1932. Nacida en el Cortijo “La Unión” del valle de Rodalquilar. Docente, pedagoga, escritora, periodista, corresponsal de guerra, viajera, conferenciante, agitadora cultural, socialista y republicana, masona, pionera en la defensa de los derechos humanos y de la mujer.

La historia real del crimen de Níjar

Francisca Cañada Morales, conocida como Paquita la Coja, vivía en 1928 en el cortijo de El Fraile, del que su padre, Francisco Cañadas, conocido como el tío Frasco, era medianero (el encargado del cultivo de la tierra, que repartía beneficios con el propietario).
Las tierras que poseía el tío Frasco y que heredaría Paquita (por su discapacidad física y por el sentimiento de culpabilidad del padre que dicen fue el que le provocó la cojera cuando era un bebé) eran en aquella época un signo de riqueza. Aunque los hermanos de Paquita se aguantaron con que ésta fuera la heredera, una de sus hermanas, Carmen, parece que no tuvo la resignación del resto de la familia, ni su marido, Francisco Pérez Pino; con ellos vivía en el Cortijo el Jabonero, Casimiro (hermano de Francisco), un hombre al que todos describen como una gran persona, humilde y un poco inocente. Consuelo, otra hermana de Carmen y Paquita la Coja, dice que Carmen animó a su cuñado, Casimiro, para que se casara con su hermana Paquita, “que va a tener mucho dinero”. Con la mediación de Carmen, Casimiro y Paquita se hacen novios. Y Carmen empieza ya a hacer planes para trasladarse al cortijo de El Fraile, el más rico de toda la comarca y en el que se iba a instalar el nuevo matrimonio.
Todos recuerdan que Paquita nunca mostró el menor entusiasmo por su novio. Nadie le vio un detalle de afecto, al contrario, según avanzaba la fecha de la boda, se la veía cada vez más triste y nerviosa.
También una tía de la novia, hermana del padre, vivía en el Cortijo los Pipaces y pensó o apañó a escondidas con su hermano que sería una buena boda la de su hijo y primo hermano de Paquita, Francisco Montes, con su sobrina heredera para que los bienes de la familia “no se fueran ”.
Y llegó el 22 de julio de 1928, víspera de la boda. Mucha gente de los cortijos de la comarca estaba invitada y salieron camino del Fraile en mulas, al atardecer del día anterior. Comenzaron los preparativos: se mataron chotos y se hicieron buñuelos para los invitados, dulce típico de las bodas.
Carmen, su marido y sus dos hijos, uno de pecho, decidieron hacer el viaje por la noche. Y llegaron preguntando por la novia. Al cerciorarse de que no estaba, los invitados iniciaron la búsqueda en medio de la noche, y cerca del cortijo, a un kilómetro de distancia aproximadamente, encontraron a la novia. Llevaba las ropas destrozadas y el cuello ensangrentado. Entre sollozos dijo que unos enmascarados habían matado a tiros a su primo con el que había huido y que a ella habían intentado estrangularla, que se había salvado haciéndose la muerta. Al primo le encontraron muerto en la Serrata, a unos 8 kilómetros del cortijo, en dirección a Los Pipaces.
Como sospechosos de haber cometido el asesinato fueron detenidos Paquita y su padre, el tío Frasco. Los dos permanecieron presos en Níjar durante tres días, bebiendo agua como único alimento. La posibilidad de que Casimiro el novio hubiera participado estuvo siempre descartada, porque en todo momento había estado acompañado por los invitados a la frustrada boda.
Paquita no llegó a acusar a nadie durante los interrogatorios, pese a que, según se narra en los diarios de la época, sí reconoció las voces de los que a poco acaban con su vida.
Los culpables no aparecían, y padre e hija seguían presos en Níjar, hasta que Carmen y su marido, Francisco Pérez Pino, se presentaron voluntariamente y se declararon culpables, si bien declaró que “él no apretó el gatillo del arma, pero que tenía quien lo hiciera, que él no tenía revólver y que habían llevado a otro del que no podían decir el nombre, porque le matarían a él y a su familia”. Pérez Pino, al que rápidamente apodaron “el Criminal”, pasó siete años en la cárcel, de donde salió para morir poco después a consecuencia del tifus. Su mujer, Carmen, estuvo presa 15 meses.
La gente siguió hablando y cuchicheando sobre este suceso mucho tiempo más. Lo más espeluznante de la historia es que las familias han vivido marcadas por esta tragedia. Paquita se fue a vivir con una sobrina, que siempre la ha cuidado a El Hualix, a escasos metros de su hermana Carmen, que a poco de morir se arrodilló y pidió perdón. Paquita ha hecho vida silenciosa y encerrada. Su padre se fue del Fraile y se casó con una mujer de 22 años y tuvo dos hijos más. No volvió a tener trato con su anterior familia.
Casimiro rehizo su vida bastante tiempo después, se casó, tuvo hijos y no ha querido nunca hablar del suceso, le produce demasiado dolor. Ya que tras el suceso a todos se les trató como si tuvieran la peste, la ruina cayó sobre todos.

Fuente principal: EL LUTO SIGUE EN NÍJAR. Artículo del 21 julio 1985, El País, Ángeles García