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Climatización natural

Para conseguir la temperatura de confort en verano, en torno a los 26º C, es fundamental el comportamiento de los muros de tierra, cal y cáñamo, con gran inercia térmica que dificulta el ascenso de la temperatura interior. Además se hace obligatoria la sombra que proporcionan las pérgolas a la fachada sur en especial a los huecos.
En general hemos comprobado que la diferencia de temperatura que mantienen los muros es de hasta 8º C. Así se consigue mantener la vivienda en una temperatura de 26-28º C sin aporte energético cuando las temperaturas en el exterior en verano rondan los 34º C. Si la temperatura exterior sube entra en juego la refrigeración por ventilación, ya que siempre hay una fachada no expuesta al sol que facilita el movimiento del aire y rebaja la sensación térmica en varios grados. Por la noche es cuando mejor se aprovecha la refrigeración por ventilación. La temperatura exterior suele bajar de unos 8-10 grados y la ventilación cruzada mejora notablemente el confort en el interior de la casa.
En invierno se quitan los elementos que cubren las pérgolas para conseguir la exposición al sol de la fachada sur y se aprovecha el efecto invernadero de los huecos. Además, los muros por su composición sirven de acumuladores. Adicionalmente se ha instalado un sistema de suelo radiante dónde el agua se calienta en 8 colectores térmicos instalados en la cubierta, que generan también el agua caliente de la vivienda. Este sistema cuenta con un depósito gas de propano (GPL) como apoyo a la calefacción.
Las temperaturas registradas a través de la estación meteorológica revelan que la casa en días soleados es capaz de mantener una temperatura constante de unos 20º C con una temperatura exterior de hasta 10º C con el funcionamiento del suelo radiante solar sin aporte energético.
Con respecto a la humedad, los datos que tenemos de invierno y verano nos muestran que los muros y el revestimiento de cal están manteniendo constante la humedad en torno al 60%. Esto influye en el confort térmico ya que la sensación de calor depende de la temperatura, pero también de la humedad. Una humedad constante, dentro de los márgenes de confort, mejora el comportamiento bioclimático de la vivienda.